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Página
# 40
"Los
cumpleaños de 50"
Por: Marciano Durán
(Continuación
de la página 39)
–¡Noooo, le dijimos a Pedro que íbamos a ir!– le
dije transpirando y cinchando con unas botas
de cuero que me puse por última vez cuando
fuimos al estreno de El Graduado.
Para taparme el monumento al ombligo, me
puse un sacón de lana de aquellos que se
tejían a mano y que llevaban un cinturón
también de lana.
El pantalón lo dejé para lo último porque
sabía que sería el que demandaría el
esfuerzo mayor.
Subir…subió, pero los ganchitos que lo
tenían que cerrar ni siquiera se conocieron.
Usé el cinto.
Le hice un agujero extra, bien en la puntita.
El próximo cumpleaños se lo hago en el anexo.
Desde el baño escuché a mi mujer que seguía
haciendo fuerzas, se apoyaba en las puertas,
se agarraba del bidet y se quejaba como
nunca la había escuchado.
Me puse una corbata para disimular que el
botón de arriba no prendía ni prendiendo y
con las botas sin terminar de calzar salí
caminando como pude.
Nos encontramos en la mitad del pasillo.
Mis botas dobladas en el tobillo, parecían
indicar que estaba bailando un malambo… pero
quietito.
Nos miramos.
Mi mujer solo atinó a apagar la luz.
No nos podíamos mover, caminar, ni respirar.
Ni siquiera teníamos fuerza para llorar.
Cuando nos repusimos, mi mujer me juró por
García Pintos que nunca iría a un cumpleaños
de 50.
Como todavía quedaban dos días la convencí
para llevar a la modista la ropa que nos
probamos. Habría que agregarle, cortarle,
ponerle o sacarle (más ponerle que sacarle).
Cuando llegó el día del cumpleaños éramos
otra cosa, nos movíamos con cierta gracia,
incluso ensayamos a hacer como que
saludábamos al llegar.
Después probamos una vez (una sola vez) a
agacharnos, e hicimos como que bailábamos
para saber de antemano si algo de aquello se
rompería, se despegaría, se desarmaría o se
descosería en algún momento.
Quedamos bastante conformes, pero nuestros
hijos nos cerraron con llave por fuera y nos
prohibieron salir vestidos así.
Nos amenazaron con no dejarnos ver nunca más
a nuestra nieta.
¡Pero nuestra rebeldía efervescente y
cincuentona no se rinde!
¡Saltamos por la ventana y contentos y
rejuvenecidos nos fuimos al encuentro de los
compañeros de una generación pujante y
vital!
Abrimos la puerta doble.
Pedro nos esperaba como si fuera una
quinceañera.
Le dimos el regalo a la vez que en un
segundo observamos todas las mesas y pudimos
ver que casi todos estaban matambreados.
Sólo se salvaban tres o cuatro parejas, el
resto fue al mismo shopping que nosotros.
Nos sentaron en una mesa grande con otras
personas
–¿Quién es el señor canoso que está al lado
mío?– le pregunté en voz baja a mi mujer.
–Es Carlitos, fueron compañeros del liceo y
es tu actual peluquero.
–¿Carlitos? Hace diez minutos que estoy
conversando con él y no me daba cuenta de
donde lo conocía. Está hecho pelota. No se
mantiene como me mantengo yo.
Giré, le pasé el brazo por la espalda y
tratando de disimular le dije:
–¡¡Carlitos viejo y peludo!! ¡¡Estás
igualito Carlitos!!
–Vos estás hecho bolsa– me dijo y empezó a
toser de tal manera que la mujer, con
pañuelito al cuello igual que la mía se tuvo
que parar a atenderlo.
–Levantá los brazos, viejo. Tomate una
cucharada de esto por favor, tenés que
cuidarte, a vos te faltan dos años para tu
cumpleaños de 50.
Enfrente a nosotros, en la misma mesa,
estaba Beto con la esposa (alias Incamate)
que se había puesto toda la pintura que
encontró en la casa, incluyendo una mano de
enduído, dos de fondo, esmalte sintético y
antióxido.
Beto se me acercó y en secreto me dijo:
–¿Te acordás de Mónica? ¿Te acordás que
estaba que se partía? ¿Te acordás que todos
estábamos enamorados de ella en facultad?
–Claro que me acuerdo. ¡Siempre me acuerdo
de ella! ¡¡Tooodos los días me acuerdo de
ella!! ¡¡¡¡SÍÍÍÍÍI, NO DEJO DE ACORDARME DE
ELLAAAA!!!!!! –y esto se ve que con la
emoción lo dije fuerte porque mi mujer me
pisó sin querer con los dos tacos aguja.
–¡¡Mirá para la pista! ¡¡Salió al bailar con
el marido, mirala!!!—me dijo Beto,
babeándose.
–Giré la cabeza y solo conseguí ver a una
señora mayor, entrada en años y en nalgas
que se movía con mucha gracia y poco esposo.
–No la veo– le dije — debe de estar bailando
atrás de la gorda culona.
La conversación en la mesa se fue poniendo
linda.
Todas las frases comenzaban con: ¿Te acordás
de…? ¿Vos estabas el día que…? ¿El que no
está bien es…? ¿Sabés quien tuvo otro nieto…?
Las manos empezaban a hablar más que las
bocas. Cuando alguien trataba de recordar
quien fue que le chocó el auto al padre en
el 72, aparecían los… “eeeehhhh…. ¿Cómo
era?… El petiso… ¿Cómo se llamaba el petiso”…y
la mano golpeaba el aire, la mesa o el
hombro del otro …“el de pelo largo crespo
que se hacía la toca, ¿cómo era que se
llamaba?”
–¿Y ustedes ya tienen nietos?– preguntaba
Ariel.
–Si, una. — le decía mi mujer.
–¿Dos nietas ya?
–No…una sola.
–¡¿Dos varones? ¡Mirá vos!
–¡¡UNA NIETAAAA!
–¿Neneta? Que lindo nombre. Disculpá que no
te escucho bien. Están poniendo la música
muy alta. A ese jovencito que está con el
combinado deberían calmarlo un poco.
–Acá tengo una foto de Pilarcita –le dijo mi
mujer.
–Ni te molestes—contestó Ariel. Sin los
lentes no veo un pomo.
La fiesta estaba bien buena, la música
pasaba de Zapatos Rotos a Yo en mi casa y
ella en el bar y de La Lambada a Los
Iracundos.
De la pista me hacían señas para que
saliéramos a bailar.
–¡¡Vamos cheeee!! ¡Manga de aburridos!! ¡Cómo
en los setenta, negro! ¡Vengan cheee!
Dos veces me tenté y dos veces me senté. Dos
veces me paré y dos veces mi mujer me pegó
un pellizcón en zonas de compromiso, me
aplicó el plan taco aguja y me gritó en
secreto al oído:
–¡¡Esperá a los lentos, si bailamos esto se
nos descose todo!! ¿Por qué no vas a fumar
un cigarro afuera con Carlitos y Oscar? Ahí
viene el mozo ¿Te pido algo?
–Sí, pedime un Omega Tres con bastante hielo.
Ya vengo.
–Mi amor–me dijo mi mujer cuando me paré–
llevá el celular por las dudas y llevá este
papel con la dirección anotadita.
Afuera aprovechamos para recordar todas las
minas que estaban buenas y nunca nos dieron
pelota, todos los nabos a quien les quedamos
debiendo una trompada y todos los
campeonatos que nunca ganamos.
En la vereda de enfrente alcanzamos a ver
que Beto hablaba con una señora , le
mostraba la cédula y le preguntaba donde
quedaba el local en el que estaba un rato
antes festejando un cumpleaños de 50.
Desde adentro, el tipo del parlante avisaba
que había aparecido Raquel y que estaba
junto al tipo que pasaba la música. Que
fueran a retirarla allí.
Fue una noche inolvidable, a las 11 nos
tomaron la presión a todos y un enfermero
atendía sin costo a los que se sofocaban
bailando.
Junto con los souvenir, en un detalle
realmente novedoso, a los que queríamos
seguir tomando cerveza nos iban dando
pañales desechables.
¡Formidable invento esto de los cumpleaños
de 50!
Mas que nada ahora, que todavía estamos
hecho unos potros.

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 "Nuestro
planeta en peligro"
Por:
Rolmen
Si, la tierra está en
un gravísimo peligro igual que sus
habitantes y todo lo que constituye vida
dentro del planeta.
Desde hace algunos años, muy recientes
por cierto, el planeta ha venido dando
muestras de cansancio por todo el daño
que nosotros los humanos le hemos
ocasionado y evidentemente lo ha dado a
demostrar con terribles acontecimientos
en muchas regiones del mundo donde se
han originado terremotos de gran
magnitud, huracanes intensamente
devastadores, lluvias torrenciales como
la que se originó en Venezuela al final
del año 99 casi para la navidad, luego
el "Mitch" que semi-destruyó Centro
América y después ese horroroso maremoto
de todos conocido en Asia, así mismo,
erupción de muchos volcanes por ejemplo,
lo que nunca antes se hubo visto, que
tres volcanes en Guatemala eruptaran al
unísono, las lluvias torrenciales en
California y otros estados de la Unión
Americana, y ahora, por si fuera poco,
En varias ciudades del hermano país
Mexicano ha habido inundaciones nunca
antes sufridas de esa magnitud,
así mismo ha sucedido en Colombia, amén
de que el calentamiento de la tierra
está derritiendo la parte gélida del
mismo y ello por ende, redundará en
sobre abundancia de agua que hará que
los mares se desborden, inundandando las
zonas costeras del mundo.
Continúa en la página 41
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