Acerca del arte y el amor plasmado en un
óleo, obra de una joven mujer.
Hace
unos días, ya entrada la noche, recibí un
mensaje especialmente grato, fue una
invitación de ese azul profundo que todo lo
cubre, me sorprendió tanto que acepté de
inmediato y asistí a un lugar colmado de
arte y sensibilidad.
Tuve
la oportunidad de convivir, sólo por unos
instantes, con el ángel que irradia la luz
amarilla, saeta, que profundiza en la senda
del arte, donde los sentimientos y emociones
en su totalidad dan vida a las pinturas que
avasallan a este espíritu maravilloso
desbordando todo su talento y pasión en el
sensible ser de un observador bohemio e
inacabado.
Bajo
la caricia de los vientos
Las
dos ángeles juntas armonizaron a la
perfección, con la serenidad de un cielo
primaveral abrieron paso a los invitados,
que asombrados se extasiaban en las formas y
colores de esos cuadros, plagados de frutos
vivos, mostrando a la naturaleza en toda su
magnificencia, pero no todo estaba vivo. En
un cuadro de manera especial se palpa el
drama entre lo eterno y lo perecedero, son
las hojas de otoño, esas que en el verano
inflaman los máples y álamos gigantes añejos
testigos del ciclo vital.
Para
el alma sensible e imaginativa, nace el
relato de las hojas de otoño.
Al
fondo, casi perdida en la espesura del
bosque el trinar de una cascada se deja
escuchar, un poco más cerca millares de
ramas dibujan sus hojas y el ocaso de otoño
filtra los rojos, amarillos, ocres y cafés,
todo se mueve bajo la caricia de los vientos
del norte.
En
primer plano, de la parte más alta de un
majestuoso máple se palpa el drama que
acerca el final de un ciclo más, la
insistencia del viento golpea sus ramas y
como no queriéndolo dos bellas hojas son
desprendidas, una de amarillo teñida es la
imagen madura del tiempo que muy junto vuela
acariciando a la amada sobre las olas del
viento, su compañera se deja cubrir por su
amado.
Misterios de la naturaleza
En la
última danza que el destino ofrece, ella
demuestra la inmensidad de su amor llenando
el espacio con sus naranjas brillantes y
rojos, ambos se abrazan, el amarillo se
torna encendido; todo ilumina en un acto
solemne y ella se funde con él en un rojo
amoroso y profundo.
El
entorno se pierde, existe única e
individualmente el observador vivenciando el
arte del ángel en la trama misteriosa de la
naturaleza, donde pasados instantes
reposaban vivificantes en las ramas de esos
testigos añejos, momentos después, ambas
hojas verán rota la estreches del hilo que
contiene la vida y la muerte, de lo alto
fueron lanzadas al espacio en su último
aliento.
Vivaldi y los amantes
Los
momentos de la imaginación del artista se
suman a los amantes del arte, mientras en el
ambiente con la suavidad de la seda, se
filtran las notas de Vivaldi sobre el viento
de sus cuatro estaciones, la sensibilidad
queda en el éxtasis vibrando con las
magistrales notas. Al tocar tierra las hojas
de otoño, ráfagas golpean las aguas mojando
las ramas, y en un gesto solemne, las perlas
brillantes que penden de hojas, se dejar
caer como testigos mudos de ese último acto
de amor.