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Página # 72

CON SU MISMO ENDEUDAMIENTO

Por: Marciano Durán

(Continuación de la página 71)

 

Instrucciones para la compra:
1ero. Martes: elegirlo en la tanda del viejo televisor.
2do. Jueves: comentar la compra con los compañeros de trabajo.
3ro. Sábado: hablar de él en la reunión de amigos.
4to. Lunes: ir al comercio y señalárselo al vendedor.
5to. Domingo: llevarlo a casa y mostrárselo a familiares y amigos (como hacíamos cuando traíamos del hospital a nuestro nuevo hijo).
El encantamiento durará hasta el día en que en esa misma pantalla ofrezcan un modelo más nuevo. ¡Sí, el aparato se habrá devorado a sí mismo!
6to. Al cabo de unos meses debe reiniciarse el procedimiento.
(Válido para celulares, dvd, máquinas fotográficas, etc., etc.)

Entonces me pregunto con verde inocencia:
¿Qué cambio produce un aparato de estos en relación con el televisor que teníamos? ¿Cuánto ha mejorado nuestra vida al recibir una imagen más nítida y un mejor sonido? ¿Qué será lo que veremos mejor ahora?
¿Un teleteatro mexicano filmado en el dormitorio y en la cocina pero en pantalla plana?
¿Qué escucharemos ahora con absoluta fidelidad?
¿Un programa en el que cuatro degenerados cuentan la vida privada de las personas… pero en estereo?

De lo que estoy seguro es de que ahora estaré obligado a trabajar una hora más por día durante dos años para poder pagarlo.
¡Una hora por día por dos años!
Una hora sacada ya sabemos de dónde.

¿De qué hablamos?
¿De capitalismo versus comunismo?
¿Del consumo contra el ahorro?
¿Es que no nos damos cuenta de que este modelo está basado en el consumo y que si todos resolviéramos dejar de consumir, el mundo colapsaría porque el desempleo alcanzaría a la mitad de la población?
¿Qué proponemos?
¿Volver a las carencias de nuestra infancia para exorcizar los excesos de este siglo?

No, no estamos hablando de eso.

Lo que hacemos es preguntarnos por qué tenemos que pasar el límite de lo que podemos pagar con cosas que no necesitamos.

Me da mucha lástima ver como no llegan a fin de mes, aunque no sean mis hijos.

¿Por qué endeudarnos con tarjetas y préstamos si inexorablemente llegará el momento en que tengamos que pagar esa deuda?
¿Por qué empeñarte para tener ese ipod con capacidad para 30.000 temas?
¡30.000 canciones!
¿Cómo hacer para escucharlas antes de que lo cambies?
¿Cómo consumir las 100 horas de video que te ofrece?
¿Cuándo vas a ver las 150 películas que pudiste bajar en tu computadora?
¿Por qué bajar trescientas canciones por el celular, escuchar treinta y pagar tres?

Mirá…cuando yo era chico navidad era el 25 de diciembre y el pinito lo armábamos unos días antes.
¡Hoy los centros comerciales y los grandes supermercados dan por iniciada la temporada de caza…perdón…la navidad, en los primeros días de noviembre!
¡Y a endeudarse que se acaba el mundo!
¡Rápido, señor, se termina octubre y ahí está viniendo Papá Noel!
¡Aproveche ahora los créditos para las compras de navidad y empiece a pagar al desarmar el pinito!
¡Rápido, Papá Noel! Apúrese, gordito que en la vereda están esperando los reyes para enseñarnos los celulares que filman en cámara lenta!
¡Vaaaamos Melchor, no se me demore que tenemos que empezar con la liquidación de verano!
Por favor, Baltasar, Gaspar, no se me distraigan con el pasto de los camellos que se viene el Día del Niño, del Padre, de la Madre, de los Abuelos, de la Secretaria, de Pascuas, de la Maestra, del Amigo… ¡Están de vivos! ¡Se están riendo de nosotros atrás de un escritorio! Se agarran sus enormes barrigas. Las lágrimas caen por sus mejillas, resuenan las carcajadas, leen sus gráficas y se sientan en el suelo a reírse descaradamente de los imbéciles como nosotros que “no dejaremos que le falte nada a nuestros hijos”.

¡Inventaron esos días y nosotros los compramos todos!
Y de tan generosos que somos les pedimos más.
Y ellos nos dijeron: “No tenemos más festejos”.
Y nosotros les dijimos: “Sí… ¿y esos que alcanzamos a ver ahí?”.
Y ellos nos dijeron: “No, eso no es para ustedes”.
Y nosotros les dijimos: “No importa, los llevamos igual” y nos compramos festejos tan nuestros como San Patricio, Halloween, San Valentín y el Día de Acción de Gracias.

“Porque lo importante es tener”, nos dijeron
Y como nosotros somos de poca atención y mucho gerundio entendimos que lo importante es “estar teniendo”.

Lo importante no es lo que has consumido…lo importante es lo que estás consumiendo y más aun…lo que vas a consumir.

Nada de lo que tenemos ahora es mejor que lo que vendrá.
¿El mejor celular?
El que llegará.
¿La mejor computadora?
La que vendrá.
¿El mejor auto?
El que saldrá a la venta en un mes.

No hace mucho tiempo vivíamos permanentemente en el pasado.
“Todo tiempo pasado fue mejor”, nos dijeron.
Más adelante resolvimos vivir intensamente “el hoy”.
“No hay que tener ojos en la nuca, disfruta el ahora”, nos dijeron.
Desde que empezó este siglo hemos resuelto vivir en “lo que se viene”.

Porque será la mejor mujer la que llegará, y el mejor presidente el que no hemos votado, el mejor nueve el que no ha contratado nuestro equipo y la mejor vida la que nos preparamos a disfrutar el año que viene, cuando terminemos de pagar lo que debemos y podamos volver a comprar.
Con un poco de suerte –si existe la reencarnación– podrás comprarte otra vida y hacer en ella lo que no tuviste tiempo de hacer en ésta.

Claro… todo tendría algo de sentido si estuviéramos en condiciones de pagar lo que estamos consumiendo.
Pero resulta que la única capacidad intacta que nos va quedando es la de endeudarnos.
Porque el crédito a la producción es una víbora que se escabulle pero el crédito al consumo es una tortuga renga; ahí está, a la vuelta de cada mostrador, ofrecido indiscri¬minada e impúdicamente a cualquiera sin siquiera confirmar si el tipo tiene capacidad de pago.
Con avisos explosivos, letras grandes, colores y sonidos fuertes pero sin una sola línea de explicación del monto real de las tasas de interés y de los intereses moratorios.
Porque se parece mucho a la historia de aquel buen señor que preguntó a su joven esposa si se había casado con él por el capital.
–No, mi amor– le contestó. Me casé por los intereses.
Exactamente de eso se trata.
Ellos están interesados en los intereses.
Porque no nos venden electrodomésticos: nos venden dinero en cuotas.

“Sin entrega inicial”, “A sola firma”, “Aunque estés en el clearing”, “Cómodas cuotas mensuales”, “Solamente con el recibo de sueldo” son las frases de moda del incipiente siglo XXI.

Así que para poder continuar pagamos el mínimo de la tarjeta y comenzamos un nuevo endeudamiento.
Y sacamos otra tarjeta para pagar la anterior, y obtenemos un nuevo crédito y tapamos un hueco abriendo otro más grande, y aparecen los prestamistas, y llegamos al 30 por ciento mensual para intentar salir y caemos en un círculo cerrado (claro… si no fuera cerrado no sería círculo)

Y de a poquito nos vamos avivando de que consumir es el negocio de todos… menos del que consume.
Los bancos cobran 140 dólares por cada 100 que te dan y apenas terminaste con un préstamo los muy desgraciados te llaman a tu casa para ofrecerte otro y si no pudiste pagar el anterior te prestan más para que puedas hacerlo.
Esto se llama generosidad… y reprogramación de deudas; pedir un préstamo barato para pagar el otro y entrar en un laberinto de terror del que solo saldrás si consigues un nuevo empleo que te aleje un poco más de la vida y te acerque un poco más a los bancos.

Y si el gerente del banco se distrajera, el sistema tiene previstas otras ingeniosas maneras de atenderte sin que tengas que sacar número: puedes empeñar tus joyas, puedes malvender los electrodomésticos que no pagaste, puedes hipotecar tu casa, puedes venderla.

Continúa en la página 73

Si el fondo musical te gustó y deseas escucharlo nuevamente hazle un "refresh" a la página y listo.






































































































 


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