Instrucciones para la compra:
1ero. Martes: elegirlo en la tanda del viejo
televisor.
2do. Jueves: comentar la compra con los
compañeros de trabajo.
3ro. Sábado: hablar de él en la reunión de
amigos.
4to. Lunes: ir al comercio y señalárselo al
vendedor.
5to. Domingo: llevarlo a casa y mostrárselo
a familiares y amigos (como hacíamos cuando
traíamos del hospital a nuestro nuevo hijo).
El encantamiento durará hasta el día en que
en esa misma pantalla ofrezcan un modelo más
nuevo. ¡Sí, el aparato se habrá devorado a
sí mismo!
6to. Al cabo de unos meses debe reiniciarse
el procedimiento.
(Válido para celulares, dvd, máquinas
fotográficas, etc., etc.)
Entonces me
pregunto con verde inocencia:
¿Qué cambio produce un aparato de estos en
relación con el televisor que teníamos?
¿Cuánto ha mejorado nuestra vida al recibir
una imagen más nítida y un mejor sonido?
¿Qué será lo que veremos mejor ahora?
¿Un teleteatro mexicano filmado en el
dormitorio y en la cocina pero en pantalla
plana?
¿Qué escucharemos ahora con absoluta
fidelidad?
¿Un programa en el que cuatro degenerados
cuentan la vida privada de las personas…
pero en estereo?
De lo que estoy
seguro es de que ahora estaré obligado a
trabajar una hora más por día durante dos
años para poder pagarlo.
¡Una hora por día por dos años!
Una hora sacada ya sabemos de dónde.
¿De qué
hablamos?
¿De capitalismo versus comunismo?
¿Del consumo contra el ahorro?
¿Es que no nos damos cuenta de que este
modelo está basado en el consumo y que si
todos resolviéramos dejar de consumir, el
mundo colapsaría porque el desempleo
alcanzaría a la mitad de la población?
¿Qué proponemos?
¿Volver a las carencias de nuestra infancia
para exorcizar los excesos de este siglo?
No, no estamos
hablando de eso.
Lo que hacemos
es preguntarnos por qué tenemos que pasar el
límite de lo que podemos pagar con cosas que
no necesitamos.
Me da mucha
lástima ver como no llegan a fin de mes,
aunque no sean mis hijos.
¿Por qué
endeudarnos con tarjetas y préstamos si
inexorablemente llegará el momento en que
tengamos que pagar esa deuda?
¿Por qué empeñarte para tener ese ipod con
capacidad para 30.000 temas?
¡30.000 canciones!
¿Cómo hacer para escucharlas antes de que lo
cambies?
¿Cómo consumir las 100 horas de video que te
ofrece?
¿Cuándo vas a ver las 150 películas que
pudiste bajar en tu computadora?
¿Por qué bajar trescientas canciones por el
celular, escuchar treinta y pagar tres?
Mirá…cuando yo
era chico navidad era el 25 de diciembre y
el pinito lo armábamos unos días antes.
¡Hoy los centros comerciales y los grandes
supermercados dan por iniciada la temporada
de caza…perdón…la navidad, en los primeros
días de noviembre!
¡Y a endeudarse que se acaba el mundo!
¡Rápido, señor, se termina octubre y ahí
está viniendo Papá Noel!
¡Aproveche ahora los créditos para las
compras de navidad y empiece a pagar al
desarmar el pinito!
¡Rápido, Papá Noel! Apúrese, gordito que en
la vereda están esperando los reyes para
enseñarnos los celulares que filman en
cámara lenta!
¡Vaaaamos Melchor, no se me demore que
tenemos que empezar con la liquidación de
verano!
Por favor, Baltasar, Gaspar, no se me
distraigan con el pasto de los camellos que
se viene el Día del Niño, del Padre, de la
Madre, de los Abuelos, de la Secretaria, de
Pascuas, de la Maestra, del Amigo… ¡Están de
vivos! ¡Se están riendo de nosotros atrás de
un escritorio! Se agarran sus enormes
barrigas. Las lágrimas caen por sus
mejillas, resuenan las carcajadas, leen sus
gráficas y se sientan en el suelo a reírse
descaradamente de los imbéciles como
nosotros que “no dejaremos que le falte nada
a nuestros hijos”.
¡Inventaron esos
días y nosotros los compramos todos!
Y de tan generosos que somos les pedimos
más.
Y ellos nos dijeron: “No tenemos más
festejos”.
Y nosotros les dijimos: “Sí… ¿y esos que
alcanzamos a ver ahí?”.
Y ellos nos dijeron: “No, eso no es para
ustedes”.
Y nosotros les dijimos: “No importa, los
llevamos igual” y nos compramos festejos tan
nuestros como San Patricio, Halloween, San
Valentín y el Día de Acción de Gracias.
“Porque lo
importante es tener”, nos dijeron
Y como nosotros somos de poca atención y
mucho gerundio entendimos que lo importante
es “estar teniendo”.
Lo importante no
es lo que has consumido…lo importante es lo
que estás consumiendo y más aun…lo que vas a
consumir.
Nada de lo que
tenemos ahora es mejor que lo que vendrá.
¿El mejor celular?
El que llegará.
¿La mejor computadora?
La que vendrá.
¿El mejor auto?
El que saldrá a la venta en un mes.
No hace mucho
tiempo vivíamos permanentemente en el
pasado.
“Todo tiempo pasado fue mejor”, nos dijeron.
Más adelante resolvimos vivir intensamente
“el hoy”.
“No hay que tener ojos en la nuca, disfruta
el ahora”, nos dijeron.
Desde que empezó este siglo hemos resuelto
vivir en “lo que se viene”.
Porque será la
mejor mujer la que llegará, y el mejor
presidente el que no hemos votado, el mejor
nueve el que no ha contratado nuestro equipo
y la mejor vida la que nos preparamos a
disfrutar el año que viene, cuando
terminemos de pagar lo que debemos y podamos
volver a comprar.
Con un poco de suerte –si existe la
reencarnación– podrás comprarte otra vida y
hacer en ella lo que no tuviste tiempo de
hacer en ésta.
Claro… todo
tendría algo de sentido si estuviéramos en
condiciones de pagar lo que estamos
consumiendo.
Pero resulta que la única capacidad intacta
que nos va quedando es la de endeudarnos.
Porque el crédito a la producción es una
víbora que se escabulle pero el crédito al
consumo es una tortuga renga; ahí está, a la
vuelta de cada mostrador, ofrecido
indiscri¬minada e impúdicamente a cualquiera
sin siquiera confirmar si el tipo tiene
capacidad de pago.
Con avisos explosivos, letras grandes,
colores y sonidos fuertes pero sin una sola
línea de explicación del monto real de las
tasas de interés y de los intereses
moratorios.
Porque se parece mucho a la historia de
aquel buen señor que preguntó a su joven
esposa si se había casado con él por el
capital.
–No, mi amor– le contestó. Me casé por los
intereses.
Exactamente de eso se trata.
Ellos están interesados en los intereses.
Porque no nos venden electrodomésticos: nos
venden dinero en cuotas.
“Sin entrega
inicial”, “A sola firma”, “Aunque estés en
el clearing”, “Cómodas cuotas mensuales”,
“Solamente con el recibo de sueldo” son las
frases de moda del incipiente siglo XXI.
Así que para
poder continuar pagamos el mínimo de la
tarjeta y comenzamos un nuevo endeudamiento.
Y sacamos otra tarjeta para pagar la
anterior, y obtenemos un nuevo crédito y
tapamos un hueco abriendo otro más grande, y
aparecen los prestamistas, y llegamos al 30
por ciento mensual para intentar salir y
caemos en un círculo cerrado (claro… si no
fuera cerrado no sería círculo)
Y de a poquito
nos vamos avivando de que consumir es el
negocio de todos… menos del que consume.
Los bancos cobran 140 dólares por cada 100
que te dan y apenas terminaste con un
préstamo los muy desgraciados te llaman a tu
casa para ofrecerte otro y si no pudiste
pagar el anterior te prestan más para que
puedas hacerlo.
Esto se llama generosidad… y reprogramación
de deudas; pedir un préstamo barato para
pagar el otro y entrar en un laberinto de
terror del que solo saldrás si consigues un
nuevo empleo que te aleje un poco más de la
vida y te acerque un poco más a los bancos.
Y si el gerente
del banco se distrajera, el sistema tiene
previstas otras ingeniosas maneras de
atenderte sin que tengas que sacar número:
puedes empeñar tus joyas, puedes malvender
los electrodomésticos que no pagaste, puedes
hipotecar tu casa, puedes venderla.
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